Frecuentemente debatimos cómo los jóvenes se comportan en las redes sociales. Proteger los datos personales, publicar fotos indiscriminadamente, contactar con extraños, maltratar y hostigar contra sus pares son algunos de los temas más controvertidos. Pero los adultos también podemos ser imprudentes y estamos sometidos a las mismas reglas de un campo complejo y cambiante.

Todos los días nos encontramos con madres, padres y familiares que publican fotos de los chicos haciendo cosas graciosas, dando muestras de su crecimiento. Pero también se volvió cotidiana esta sensación de que mucha gente se expone demasiado, de que cuenta cosas que no debería contar, o que muestra —indiscriminadamente— a todos sus contactos algún aspecto de la personalidad de sus hijos… que a sus propios protagonistas les podría provocar vergüenza o enojo.

Estamos hablando de Oversharing: exceso de exposición

Contar a quienes nos rodean lo que estamos haciendo, pensando o con quién nos enojamos o nos congraciamos es parte de la naturaleza social de las personas. Pero contarlo en una red social digital, donde tenemos un grupo de contactos que pertenecen a nuestro mundo laboral, otro tercio a la familia, algunos vecinos —y solo un pequeño grupo íntimo al que realmente le contaríamos esas cosas—, constituye una sobreexposición pocas veces reflexionada con detenimiento.

Y este exceso de exposición se convierte en algo más riesgoso cuando se trata de menores: mucha información sobre la vida cotidiana de nuestros chicos no debe ser pública, algunas de sus fotos no deben circular por las redes sin saber con certeza quiénes acceden a ellas y los cambios de humor, sus errores y aciertos, sueños y proyectos no son propiedad de sus padres, sino que pertenecen a la intimidad de esos menores.

Lo importante, es predicar con el ejemplo: en este caso, pensando y analizando las acciones y sus posibles consecuencias antes de difundirlas públicamente. Existen varias dimensiones, pero podemos mencionar:
  • La psicológica: el respeto por la intimidad del otro es un factor fundamental: no debemos hablar sobre nuestros hijos o menores a cargo, sino que son ellos los que deben hablar sobre ellos mismos. Si bien somos responsables de ellos y por ellos hasta cumplir la mayoría de edad, los niños son sujetos de derecho y cada persona sabe qué contar y qué reservarse de su vida.
  • La tecnológica: existe la ilusión de pensar que nuestras publicaciones son efímeras y temporales, que lo que hoy publicamos mañana dejará de estar visible en una red o en un sitio… y listo, asunto olvidado. Error: cuando publicamos algo en una red social, por ejemplo, la información sale de nuestra computadora, se almacena en una base de datos en un servidor, se muestra visible durante un tiempo, luego no está visible, pero no necesariamente se borra de la base de datos. Por otra parte, cualquier persona puede hacer una captura de la pantalla o guardar la imagen, compartirla con sus amigos y esto puede multiplicarse viralmente.

Otra dimensión de la invasión a la intimidad puede verse en la figura del acosador (stalker): aquella persona que sigue de manera obsesiva a un usuario, comentando y dejando rastros —como simples «Me gusta»— en toda su actividad en línea.

El mensaje implícito que recibe el objeto de la persecución o stalkeado es «te estoy vigilando» (por parte del perseguidor). A eso se suma la posibilidad de que la persona puede escribir un mensaje pensando en un destinatario concreto y recibir comentarios de gente que no estaba invitada a la conversación.
Convivencias. Reglas, permisos, pautas. 
  • ¿Cómo podemos controlar estas diversas situaciones que pueden desencadenar complicaciones personales, familiares y laborales? Desde ya, conociendo el campo de acción tecnológico y cultural de los más jóvenes reflexionando sobre ello, estableciendo acuerdos y consensuando reglas.
  • Estas pautas no constituyen nunca un repertorio fijo, sino que es recomendable que se vayan adaptando y refuncionalizando al ritmo de los avances tecnológicos y de las prácticas culturales emergentes. Y otra cosa importante: cada familia debe conversarlo, adaptarlo, negociarlo y consensuarlo entre sí y para sí (cada familia es un universo, con sus propios requerimientos y pensamientos).

Algunos aspectos para considerar:

  • No decir por Internet lo que no diríamos en persona. Huella digital
  • Cuidar los datos personales.
  • Evitar compartir claves y contraseñas.
  • Ser conscientes de los alcances de nuestra «huella digital».
  • Pensar antes de publicar.
  • Configurar la privacidad de los perfiles en las redes sociales.

Fuente: Educar “Padres en las redes sociales: sobre permisos y convivencia”

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